ARTIST |
Carlos Alfonso |
TITLE |
Fruits, Hanging Organs |
YEAR |
2021 |
ARTIST’S COUNTRY OF ORIGEN |
Colombia |
DIMENSIONS |
69 x 81 x 2.5 cm / 27.17 x 31.89 x 0.98 " |
MEDIUM |
Ensamblaje en madera con óleo y acrílico |
Cortesía del artista y de la galería Casas Riegner
Fruits, Hanging Organs (2021), de Carlos Alfonso, reimagina el bodegón como una cosmología de la nutrición, la ecología y la interdependencia. Pintada en óleo y acrílico sobre ensamblaje de madera, la composición reúne una variedad de frutas tropicales —papaya, cacao, guayaba, mango y banano— sobre un sereno fondo azul, dispuestas con la precisión tanto de un botánico como de un narrador. Cada fruta, representada con un cuidado luminoso, funciona como un archivo vivo de la región colombiana de Cundinamarca, donde la agricultura, la tradición culinaria y el entorno se entrelazan de manera compleja. La imagen configura un inventario visual de abundancia, pero su título apunta a la fragilidad: estos “órganos colgantes” sostienen no solo el cuerpo humano, sino también el cuerpo más amplio del ecosistema.
Bajo el conjunto, un árbol con frutos anatómicos —un corazón aquí, un pulmón allá— articula el núcleo conceptual de la pintura. A un lado, el rostro de un mono asoma desde las raíces; al otro, el de un humano, señalando una continuidad entre especies y la vulnerabilidad compartida que las une. El texto inscrito en la parte inferior, redactado al estilo de los códices prehispánicos y de las ofrendas votivas, enumera las virtudes medicinales, espirituales y emocionales de cada fruta. Esta letanía de usos y remedios transforma la pintura en un compendio herbolario contemporáneo, donde el conocimiento empírico y la sabiduría ancestral coexisten. La minuciosa transcripción de este saber por parte de Alfonso —a medio camino entre lo científico y lo ritual— tiende un puente entre lo natural y lo sagrado.
Dentro de esta taxonomía de lo comestible, el banano ocupa una posición modesta pero crucial. Asociado aquí con el descanso, la relajación muscular y la digestión, se convierte en un símbolo de equilibrio en medio del exceso: una fruta que media entre lo sensorial y lo esencial. A través de su repetición en la serie Bodegones de Alfonso, el banano encarna la persistencia de los imaginarios tropicales tanto en las economías locales como en las globales. Fruits, Hanging Organs ofrece así más que un inventario de los dones de la naturaleza; es una meditación sobre la reciprocidad, recordándonos que el consumo y el cuidado, como la fruta y el cuerpo, están inseparablemente entrelazados.