ARTIST

Carmen Argote

TITLE

Ripe Child

YEAR

2022

ARTIST’S COUNTRY OF ORIGEN

México, Estados Unidos

DIMENSIONS

213 x 152 x 4 cm / 84 x 60 x 1.5 "

MEDIUM

Banana, papier-mâché, pastel sobre lino

Cortesía del artista y del Commonwealth and Council. Foto: Paul Salveson 

En Ripe Child (2022), Carmen Argote transforma el humilde banano en un recipiente de ternura y revuelta. Construida con pulpa de banano, papel maché y pastel sobre lino, la obra evoca un cuerpo en movimiento: una figura amorfa, de cualidad infantil, que a la vez irrumpe y se disuelve en la superficie que la rodea. Su masa texturada de ocres, rojos y púrpuras palpita entre la vida y la descomposición, reflejando las dualidades que atraviesan la práctica de Argote: nutrición y desecho, crecimiento y ruptura, amor y pérdida. El contorno circular que encierra la composición sugiere contención, pero la energía de la figura desborda ese límite, señalando un proceso continuo de devenir.

Parte de la serie Mother, Ripe Child materializa el diálogo de la artista con sus propios yoes interiores —la madre y la niña, quien cuida y quien es cuidada. El papel maché arrojado y acumulado remite a bolas de papel pegadas en el techo de un aula, lúdicas pero también rebeldes, mientras que el uso del banano —a la vez orgánico y abyecto— ancla la pieza en el ámbito de lo corporal y lo doméstico. A través de estos materiales frágiles, Argote realiza un gesto de “rematernaje”, atendiendo a las partes de sí misma que permanecen vulnerables y salvajes. La figura resultante se convierte en una efigie del cuidado, a la vez feroz y delicada, recordando que el autoconocimiento emerge a menudo mediante actos de hacer y deshacer.

Al incorporar el banano en varias de sus obras, Argote conecta su cosmología personal con cuestiones más amplias de herencia cultural y poder. Nacida en Guadalajara y afincada en Los Ángeles, utiliza la materialidad efímera de la fruta para reflexionar sobre la identidad transnacional y los comportamientos aprendidos del patriarcado. Sin embargo, incluso al confrontar estas estructuras, su voz se mantiene profundamente cuidadora —dirigida a su audiencia, a sus materiales y a su “niña madura” interior. La pieza encarna así la convicción de Argote de que el arte puede ser a la vez un espacio de resistencia y de reparación, donde las fronteras entre cuerpo, materia y memoria se disuelven momentáneamente.