ARTIST |
Nash Caldera |
TITLE |
I’m a Plantain not a Banana |
YEAR |
2021 |
ARTIST’S COUNTRY OF ORIGEN |
Curazao |
DIMENSIONS |
6:21 |
MEDIUM |
Video |
Cortesía del artista
En I’m a Plantain not a Banana (2021), Nash Caldera convierte el plátano en un anclaje poético desde el cual pensar las interconexiones históricas, lingüísticas y afectivas que vinculan Curazao, Sudamérica y el Caribe. La artista recurre a la propia estructura de la planta —el cormo que sigue generando nuevos brotes incluso después de que el tronco original haya muerto— como metáfora de continuidad, comunidad y memoria compartida. Esta analogía botánica ofrece un marco tanto visual como conceptual para comprender cómo las sociedades de la región se sostienen a través de redes multigeneracionales, híbridas y resilientes, en las que aquello que desaparece sigue nutriendo lo que emerge.
El vídeo entrelaza animación, collage y una envolvente banda sonora que invita al espectador a un espacio emocional más que analítico. En su primera mitad, Caldera yuxtapone el texto intermitente «I’m a plantain not a banana» con un dúo de bananos girando, fragmentos de la canción de Chiquita Banana y la palabra plantain pronunciada en papiamento, inglés, español y neerlandés. Esta constelación de imágenes y sonidos evoca la circulación de cuerpos, lenguas y símbolos culturales moldeados por las historias coloniales y migratorias de Curazao. Un poema reflexivo añade recuerdos personales y asociaciones íntimas, reforzando el papel del banano como archivo sensorial de pertenencia, desplazamiento y transformación.
En la segunda mitad de la obra, el espectador presencia dos formas comunes de preparar el plátano en el Caribe y América Latina. Este giro hacia un gesto doméstico y encarnado sitúa la obra en la práctica cultural vivida, subrayando la centralidad del fruto como conector de territorio, memoria y sustento cotidiano. Realizada durante la residencia (Plant-in)-Different-Soil en VHDG, en Leeuwarden (Países Bajos), la pieza también reflexiona sobre la propia experiencia de Caldera entre Curazao y la antigua metrópoli colonial. El plátano se convierte así en un dispositivo narrativo para explorar migración, herencia y las complejidades de la identidad, ofreciendo una meditación a la vez delicada e incisiva sobre lo que significa arraigarse en suelos distintos.