ARTIST |
Karen “Karne” Vera |
TITLE |
It’s Bananas, #3 (from Stencil Series – Since 1492) |
YEAR |
2025 |
ARTIST’S COUNTRY OF ORIGEN |
Guatemala, Estados Unidos |
DIMENSIONS |
25.4 x 25.4 cm / 10 x 10 " |
MEDIUM |
Pintura acrílica en spray, pintura acrílica y rotuladores acrílicos |
Cortesía del artista
En It’s Bananas, #3 (from Stencil Series – Since 1492) (2025) y Cruel Summer, #5 (2024), Karen “Karne” Vera despliega color vibrante, técnica de esténcil y geometrías inspiradas en textiles indígenas para trazar el arco prolongado de la violencia colonial en Centroamérica. En estas composiciones, compactas pero visualmente densas, el banano se convierte tanto en motivo como en detonante histórico: un punto de entrada a siglos de prácticas extractivas que van desde la llegada de Cristóbal Colón en 1492 hasta las intervenciones de la Guerra Fría que redefinieron Guatemala. El logotipo reimaginado de la United Fruit Company en It’s Bananas, #3, con un rifle incrustado y el incisivo renombramiento “United Death Co”, subraya la imbricación letal entre intereses corporativos estadounidenses, fuerza militar y el Golpe de Estado en Guatemala de 1954. La superficie verde brillante del banano se transforma así en un emblema armado, símbolo de cómo un fruto no originario de la región llegó a condicionar el destino de naciones enteras.
En Cruel Summer, #5, un campesino descalzo camina hacia un platanal situado en un paisaje fracturado por capas de patrones interrumpidos. La figura, representada con claridad y delicadeza, parece desplazada del terreno que pisa: una metáfora visual de las profundas dislocaciones provocadas por las economías de plantación y la migración forzada. El platanal aparece como cultivo importado cuya demanda global reconfiguró la distribución de la tierra, las condiciones laborales y los destinos políticos de las comunidades centroamericanas. A través del uso del esténcil, la ruptura de patrones y los contrastes cromáticos intensos, Vera señala la desconexión estructural entre los modos de vida indígenas y las imposiciones ecológicas del capitalismo colonial. La pintura se convierte así en una alegoría de desorientación: trabajadores atrapados entre tierra ancestral y cultivo ajeno, entre continuidad y desplazamiento.
En ambas obras, Vera incorpora motivos geométricos derivados de textiles centroamericanos, dejándolos intencionadamente incompletos o fragmentados para señalar las interrupciones de la identidad diaspórica. Estos patrones funcionan como ecos visuales de lenguajes e historias parcialmente perdidos a causa de la colonización, la guerra civil y la migración. Al situar el banano en el centro de estas narrativas —unas veces como icono, otras como acusación—, la artista ancla su crítica en el doble papel del fruto como alimento cotidiano e instrumento colonial. El resultado es una reflexión intensa y estratificada sobre cómo la identidad, tanto individual como colectiva, se configura a partir del trauma político, la memoria ancestral y la larga sombra proyectada por una industria que reconfiguró el paisaje, la economía y los imaginarios de la región.